José de León Toral el asesino de Álvaro Obregón

José de León Toral asesinó a Álvaro Obregón y fue ejecutado el nueve de febrero de mil novecientos veintiuno. Le gustaba el deporte, daba lecciones de ilustración, pero el fallecimiento de su camarada Humberto Pro y su cercanía con la iglesia católica lo empujaron al magnicidio. A continuación un retrato a fondo de este complejo hombre.

José de León Toral el Futbolista

Resulta complicado imaginar a León Toral con atuendo que no sea el formal, analizando sus fotos se puede notar que era una persona impecable a la que le gustaba tener sus pantalones planchados y limpios además de su camisa fajada, esta forma de ser siempre le dio un tono serio y escrupuloso.

Su educación fue católica, nació en Matehuala, San Luis Potosí, el veintitrés de diciembre de mil novecientos y siguió esa línea por presión familiar.

Se mudo a Santa María la Litoral en Ciudad de México cuando tenía 11 años.

Se encuentran algunas fotos en donde José luce inmerso en el mundo del futbol, con sus shorts cortos y abrazando a sus compañeros del equipo: Los Maristas de Alvarado. Poco tiempo después el equipo fue absorbido por el América en mil novecientos dieciocho, cambiando su nombre a Centro Unión.

fusilamiento leon toral
Fusilamiento de José de León Toral. Archivo/El Universal

Toral era una persona dedicada, asistía a misa los domingos antes del juego, pero no tardo mucho en haber diferencias entre los maristas, el América y Toral, decepcionado, abandonó su posición de mediocampista y se integró a la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, en donde jugó anejo a Humberto Pro, hermano de Roberto y de Miguel “el padre Pro”, cuyo martirio fue conocido por ser un caso de parcialidad contra un inocente.

El 13 de noviembre de 1927, Segura Vilchis, miembro de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, pidió prestado el automóvil de los hermanos Pro y con sus habilidades de técnico hidráulico armó dos bombas que no explotaron en el momento que las lanzó al coche de Álvaro Obregón sobre Chapultepec.

La conspiración salió en las noticias ese mismo jornada, así se enteraron los Pro sobre su vínculo tanto autores intelectuales del hecho bien que se encontraban jugando futbol en casa. Diez días en seguida los fusilaron escaso juicio.

gestos jose de leon toral
Retrato de los gestos de José de León Toral. Fotografías tomadas a través de mil novecientos veintiocho y 1929. Archivo/el UNIVERSAL

A Roberto Pro lo exiliaron a Bota por ser menor de edad. Bizarro le envió dos cartas, la primera el 11 de enero y la otra el ocho de marzo:

Sr. Roberto Pro

Habana, Barril

Bastante apreciado amigo:

Tal ves te acuerdes de mí, parecido ves no; quizá evidentemente. Desde la última ves que te vi, ya no te he vuelto a ver y palabra que lo siento mucho. Otra cosa que sentí mucho más (en serio) fue que no hayas hecho, o mejor dicho no hayas sido llamado a la acción que consumaron tus hermanos: uno centró, el diferente remató; tú (en esta ocasión goal-keeper) imposible que marcaras aun tu goal. Pero ¿cuántas veces un arquero es el héroe del partido? Ya paraste mucho, te falta aun más; sólo Eterno sabe si te cambiarán de primero.

Y en la segunda carta decía:

Nuestro Señor tuvo que morir para salvarnos. La sangre de los mártires es semilla de buenos cristianos. Yo necesité que murieran tus santos hermanos para decidirme a moverme. Ahora estoy trabajando con empeño.

José de León se hizo de una idea motivado por el aflicción. “Estuve mucho rato viendo el cenizas de Humberto y juré, con lágrimas en los ojos, ajustar su muerte matando a Obregón, el fidedigno ejecutor de que mi amigo tan querido hubiera degenerado la vida”.

jose de leon toral en lecumberri
En la microfilme De León Toral tenía un cartapacio de boceto y un tintero en su celda de Lecumberri, 1928-1929. Archivo/universal.

Sus manos dibujaban, también las usó para matar

El conflicto de la Guerra Cristera de los años 20 escaló al punto de dar pie a una cacería de religiosos que se oponían a la Ley Calles y veían a Obregón, el presidente reelegido, como el continuador del terror, el principal enemigo.

Manuel Trejo era católico y vivía misterioso para no morir, tenía una revolver en casa para defenderse del gobierno, se la prestó a José porque él le dijo que quería ejecutar sus tiros, pero en realidad era el arma que utilizaría para matar a Obregón.

La Madre Conchita, sor con la que José pasaba algunas tardes rezando, asimismo fue importante en esta decisión, puesto que una vez dijo frente a él “las cosas se arreglan sólo si mueren Calles y Obregón.”

José intentó matar al adalid un amanecer antiguamente de lograrlo el lunes 17 de julio de 1928. Tenía ocio de la escuela en adonde enseñaba croquis y aprovechó. Salió de su casa temprano con una cámara fotográfica tal simulación para aproximar, rezó en la Parroquia del Espíritu Santo como cada descanso, desayunó en Tacuba y de cerca se trasladó a Sullivan. Esperó hasta medio jornada acoplado a una manifestación de obregonistas.

“Salió, pero tanto venía en camioneta que tenía el capacete bastante alto no le sobresalía más que una parte del pecho y la cara. Yo con mi falta de práctica para tirar, no me atreví, por más tapia que pudiera encontrarse eternamente había unos terceto metros de distancia y no podría yo arriesgarme, no mi vida, que ahora estaba dispuesta a darla, sino a fallar y herir a otra semejante”, dijo José mientras su juicio. La transcripción se encuentra en José de León Toral de Ramón Ruiz Pineda.

juicio de leon toral
La explicación de José mientras su juicio, de por medio obregonistas, por el asesinato del caudillo entre mil novecientos veintiocho y 1929. Archivo/el UNIVERSAL.

José regresó a casa chasqueado a pasar la última tarde con su costilla, pero pronto recordó que el data del asalto de las bombas una semejante señaló una casa de la Avenida Jalisco (hoy Álvaro Obregón) tal la del adalid, así que fue a verificar si era cierto. No la encontró, sólo dedujo cuál era y volvió al día siguiente con su pistola y un block de dibujo, su nuevo pretexto para acercarse. Toral continuó narrando: “como a la una vi salir unos coches de la casa del señor Obregón en dirección a San Ángel. Yo pensé que seguramente no habían comido por la hora. Lo probable es que fueran a uno de esos banquetes que tienen los políticos. Así fue como pensé en ir a La Bombilla.”

De León tenía razón, encontró a Obregón en el restaurante (que después se convirtió en el Parque La Bombilla) y empezó a dibujarlo, cuando llamó la atención de los demás en la mesa se decidió. “Llegué por el lado derecho, él volteó la cara con bastante amabilidad a ver los dibujos. Entiendo que no llegó a ver ni el primero porque yo saqué la pistola y disparé el primer tiro en la cara y bajé la pistola sin saber cuántos tiros se dispararon.”

dibujo de alvaro obregon por jose de leon toral
José de León dibujó a otros personajes de la mesa antes de realizar este retrato de Álvaro Obregón y tener un pretexto para acercarse, mil novecientos veintiocho Hemeroteca de El UNIVERSAL.

Según el libro Álvaro Obregón: fuego y cenizas de la Revolución Mexicana de Pedro Castro, existe un misterio alrededor de la muerte de Obregón, se dice que el cuerpo tenía 13 heridas de bala y un documento de la primera necropsia realizada dicta que fueron diecinueve El documento fue redactado tan deficientemente que no menciona que al caudillo le faltaba un brazo, y eso que el doctor que lo escribió fue el mismo que le amputó el brazo tras una batalla en Guanajuato. La mano se conservó en formol hasta que en 1989 la incineraron para añadirlo a los restos.

La pistola que llevaba Toral tenía espacio para diez balas, aunque sólo disparó seis, y la narración colectiva de los presentes lo confirmó. Entonces, ¿cómo fue posible que Obregón tuviera más heridas de bala? ¿José fue el único que disparó ese día?

Lo que sí es que él fue el único que cayó en manos obregonistas para ser torturado, pues querían saber quién era. “Estaba en un sótano, llegaron agentes y me dijeron al mostrarme mi cuaderno de dibujo que yo ya llevaba hechos esos dibujos y que les dijera quién los había hecho. Entonces me hicieron repetir uno y ya se convencieron, pero siguieron insistiendo sobre cómo me llamaba”, se lee en el libro de Ruiz Pineda.

pistola de jose de leon toral
Pistola automática Star calibre .32, propiedad de Manuel Trejo, utilizada por De León Toral para asesinar a Álvaro Obregón, mil novecientos veintiocho Archivo/el UNIVERSAL.

A José lo colgaron de manos y pies con una soga delgada. Lo mecían y a cada movimiento las cuerdas se le encajaban. Él no decía nada y fue porque no había preparado nada qué decir en caso de quedar vivo, creía que iba a morir junto a Obregón. Se repuso y lo amarraron de los pulgares, así todo el peso de su cuerpo quedaría en sus dedos. Se le zafó uno y todo el peso cayó sobre el otro.

“Me volvieron a asegurar el dedo y por segunda vez se me zafó. Me dejaron descansar, pero mientras estaba tirado, una persona me estuvo golpeando la cara con mucha saña con unas correas. Yo consideré que debían estar indignados, pero llegué a decirles que no fueran tan crueles. Después me amarraron de los testículos jalándome hasta levantarme. Después por debajo de las axilas, quizá fue lo más terrible, sentía asfixiarme.”

Después lo tuvieron en posición de firmes durante seis horas. Uno de los agentes se le acercó y le preguntó si era verdad que era caricaturista. “Soy dibujante”, contestó Toral. “A ver, si me haces una caricatura te dejo descansar”, le respondió el agente. José apenas podía sostener el lápiz, pero terminó el dibujo, se sentó y lo levantaron de nuevo. Cuando reclamó el trato se rieron de él.

A la mitad de su juicio expuso un papel, “aquí traigo un dibujo para que los vean los señores jurados y puedan darse cuenta de cómo estuvo (su tortura). ¿Me hacen un favor de irlo pasando?” El dibujo fue firmado como “Mi martirio”.

tortura jose de leon toral
Plana del 4 de noviembre de mil novecientos veintiocho donde se observa su obra: “Mi martirio”, dibujos en los cuales denunció la tortura que recibió antes de ser procesado. Hemeroteca de El UNIVERSAL.

Y su corazón… ¿dónde quedó?

José fue declarado culpable y sentenciado a muerte incluso después de que la defensa abogó por una condena menos severa, la Madre Conchita, quedó como la autora intelectual y condenada a 20 años de prisión. Cumplió doce y fue exiliada.

José fue llevado a Lecumberri en donde tenía contacto con su familia y seres queridos. El 9 de enero de 1929 El UNIVERSAL publicó algunas palabras de Toral. Al reportero de este diario se le negó el acceso, pero logró ingresar y escuchar al reo.

jose de leon toral entrevistado
De León Toral siendo entrevistado por un reportero fuera de su celda en Lecumberri y custodiado por dos guardias, 1928-1929. Archivo/el UNIVERSAL.

De León Toral declaró que era muy doloroso recordar los hechos de La Bombilla “desde que alguien en la Penitenciaría me ha hablado con entusiasmo de las virtudes y bondades del general Obregón. La noche del día en que me relataron estas cosas no pude dormir y comí muy mal. Por eso ya no hago dibujos que representen al general. Me impresiono demasiado cuando trato de hacerlo.”

El día de su fusilamiento fue cubierto por los medios. El UNIVERSAL publicó: “Hoy, a las doce del día, José de León Toral será pasado por las armas, ejecutándose la sentencia dictada”.

El último deseo de Toral fue un trago de coñac, lo bebió tan rápido y desesperadamente que se manchó un zapato y luego, con calma, limpió su calzado con un pañuelo. José repetía estando preso (y durante su juicio también) que estaba listo para morir, lo estaba desde el día en que mató a Obregón. Esperaba encontrar la muerte junto a él.

Lo colocaron contra el paredón de la penitenciaría de México, hoy Archivo Histórico de la Nación, le pidieron las últimas palabras y le dispararon antes de que pudiera terminar el lema cristero: “¡Viva Cristo Rey!”

Su cuerpo fue llevado a casa de sus padres, en donde un doctor le sanó las heridas y le sacó el corazón para dárselo a su familia, la cual lo colgó para venerarlo y después fue conservado en secreto durante años, según el libro de Ruiz Pineda y otras fuentes consultadas.

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En la fotografía se observa el féretro de De León Toral de camino al Panteón Español, 1929. Archivo/el UNIVERSAL

Más de ciento cincuenta mil personas asistieron al sepelio, seguían la carroza y la policía quiso evitarlo formando vallas de motociclistas, camiones y fuerza de seguridad. Los manifestantes se abrieron paso como pudieron y entre todo el caos hubo tres muertos y veintitres heridos de gravedad.

El evento era de celebración, la época de caza de católicos había terminado gracias a que José había exterminado al principal enemigo de los cristeros, por fin podían salir a las calles sin temor a que los mataran.

“Ni un instante dejaron de orar. Los guardias no pudieron impedir el paso a los simpatizadores a pesar de los refuerzos que enviaba la Inspección General de Policía”, escribió Ruiz Rueda.

Esperanza de León, hija de Toral, inició un proyecto para canonizarlo. “Por su ideal de la fe, mi padre cambió su vida por la del señor Obregón y lo dejó todo: su esposa, sus hijos, sus padres, sus seres queridos… desde que tengo uso de razón empecé a ir a su tumba. Los primeros años estaba pintarrajeada, el pueblo le pedía favores por escrito. En la familia algunos se encomiendan a él”, pero la iniciativa no tuvo frutos, pues la Iglesia no canoniza asesinos. “¡No matarás!”, es uno de los mandamientos que José no cumplió.

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Retrato de José de León Toral. Fotografía tomada entre 1928 y mil novecientos veintinueve Archivo/el UNIVERSAL.

Fuentes:

  • Hemeroteca de El UNIVERSAL Barrón, Carlos, “León Toral jugó en el América en 1918.. y mató al presidente”, Excélsior, 2016.
  • Castro, Pedro, Álvaro Obregón: fuego y cenizas de la Revolución Mexicana, 2009 Ruiz Pineda, Ramón, José de León Toral, 1975
  • ENTREVISTA Con: Raúl González Granados, profesor de Construcción Histórica de México en el Mundo, UNAM.